martes 6 de octubre de 2009

C.E Capitulo Final Escrito por Chirino

Noté que Darío se había quedado dormido en el autobús, así que pensé que era un buen momento para que mi madre me resolviera muchas dudas.
Rita, estoy muy confundida, Qué esta pasando? –Le dije, Ella se quedó pensativa y de forma resignada empezó a hablar.
Lo que yo sé ocurrió hace 25 años. Mi hermana llegó muy herida a buscarme en Puerto Vallarta, traía consigo a su pequeño hijo y una caja muy sucia. No tuvo tiempo de explicarme mucho, ella murió en mis brazos – Mi madre se quedó absorta con una mirada de tristeza, pensé que estaba recordando algo muy doliente.
Pero, mi tía, te dijo algo? – Le pregunté de una forma muy sutil.
Si, pero primero te tengo que contar algo que me reveló días antes de morir –y continúo- Un día habló a la casa, fue muy raro por que no teníamos mucha comunicación, muy asustada me dijo que el abuelo le había confiado un secreto cuando era niña, la ubicación de una caja, que solo en caso de ser necesario debería sacar de ahí y esconder en otra parte, mas nunca seguir la pista de lo que dentro de la caja se encontraba. Que el abuelo le advirtió que de lo contrario habría desgracia en su familia. También me dijo que Andrea, la exnovia de tu tío Rubén, la había estado amenazando desde hace un mes atrás, que primero pensó que era por que Andrea nunca pudo superar que tu tío se casara con ella pero después relacionó el acoso con la misteriosa caja del abuelo. Me dijo que tenía que huir y le pediría ayuda a Beto, un amigo de la infancia, y colgó. –Rita volvió a quedarse callada.
Esta caja es la que acabamos de encontrar con los diamantes? – Le pregunté, cada vez estaba más confundida.
No, claro que no. El día que llegó moribunda me rogó que protegiera a Darío y que la ayudara a cumplir la promesa que le hizo al abuelo. Que Andrea no sabía nada de mí y eso serviría para que perdiera la pista en la búsqueda de unos diamantes. Yo estaba muerta de miedo, y no supe que hacer, sentía curiosidad por los diamantes sin embargo mi miedo era mayor.-Mi madre suspiró- Abrí la caja y encontré una llave con el número 862/682/812 (o el que el lector guste) y un mapa. Decidí que tenía que alejarme de todo eso, así que enterré a mi hermana en el patio trasero de la casa y al día siguiente huí de Puerto Vallarta. En Guadalajara dejé a Darío en una iglesia, con una carta que escribí en nombre de mi hermana, haciendo creer que lo abandonaba y que lo debían regresar con Rubén a Chihuahua –ahora entendía por que Darío estaba con su padre-, también le puse un camafeo donde previamente guardé la llave de la caja. Me fui a Morelia donde, aunque empecé una nueva vida, siempre viví con el miedo de que alguien extraño llegara preguntando por una caja o una llave. Tanto fue mi miedo que hice que te tatuaran el mapa para poder deshacerme de él– Mi madre empezó a llorar y me pidió perdón.
No te preocupes mamá, lo importante es que ya todos estamos bien y que… -no alcancé a terminar por que ella me interrumpió.
La verdad es que nunca perdí el contacto con Darío -me dijo- Siempre estuve interesada en saber de él, incluso cuando empezó a vagar por todo el país. Contraté una investigadora privada y fue así como me enteré que había mas personas buscándolo, tenía que encontrarlo yo primero. Por suerte el estaba en Morelia y logré ponerme en contacto con el, lo traté de ayudar y todo salió mal, ellos fueron tras de mi, después tras de ti, la pobre investigadora… – Fue todo lo que me dijo.
El chofer paró el camión y empezó a bajar a toda la gente. Quise saber que pasaba pero Rita me detuvo y me dijo que era por mi bien, por el bien de las dos. El conductor siguió por un camino rural hasta que llegamos a una casa abandonada, fue entonces cuando le vi su cara, traté de escapar pero el me dio un golpe que me dejó inconsciente. Desperté con un grito, reconocía la voz, era de Darío.
-No– Gritó Darío mientras intentaba zafarse.
-¡Miren quien despertó! Si es nada menos que Darío, el hijo del cabrón que me dejó por la barata de tu madre. Dime muchacho, ¿qué se siente ver morir a alguien que acabas de conocer por segunda vez? Tadeo, ¡mata a la vieja!- Dijo una mujer que asumí en ese momento era Andrea.
Estaba horrorizada, grité (ahogadamente) y solté el llanto. Mi madre había sido asesinada. Seguíamos Darío y yo, era inevitable, esa mujer consiguió lo que hace mucho tiempo buscaba, llegó al fin. El fin llegó

domingo 27 de septiembre de 2009

C.E. 2 Capitulo 12 escrito por Doriku

La poca luz que había en las criptas iluminaba las pequeñas piedras de forma que parecían brillar por ellas mismas. Darío estaba asombrado ante la cantidad y el tamaño de los diamantes, pues nunca había visto o imaginado si quiera que existieran con esas dimensiones y ese peso.
-Creo que esto aclara tus dudas Darío. ¿Ahora entiendes por qué era tan importante?- La madre de Lupe habló mientras su mano se metía dentro de la caja para tomar algunos diamantes y dejarlos caer.
Lupe volvió la vista a su madre y vislumbró un gesto que ella no conocía, una mezcla entre placer, miedo y enojo. Sintió que un escalofrio le corría por la espalda al tiempo que escuchaba los fuegos artificiales de la fiesta que estaba en pleno centro de Morelia.
-Será mejor que nos vayamos. Alguien puede venir, y creo que esto es demasiado peligroso. - Lupe comenzó a caminar hacia la salida al tiempo que esperaba a su madre y a Darío.
Salieron los 3 presurosos, mezclándose entre la gente de Morelia que se encontraba celebrando. Darío seguía a las dos mujeres protegiéndoles de cualquiera que se les acercara. Llevaba la caja con los diamantes fuertemente sujetada entre sus manos.
Cuando por fin salieron del centro, se pusieron de acuerdo para irse lo más pronto posible de ahí. No se sentían a salvo en ninguna parte, y lo mejor era buscar un refugio en algún lugar seguro. La casa de la tía de Darío definitivamente no era segura.
Tomarían un camión hacia Ixtapa-Zihuatanejo. Pese a que le dolía enormemente, Darío iba a cambiar su camafeo por el par de boletos.
-No lo hagas, yo cambio el mio. Es el único recuerdo que tienes de mi tía. Mi mamá sigue con vida gracias a ti. – Le dijo Lupe dándole sus joyas de oro.
La tía de Darío llegó con 3 chocolates calientes y unos sándwiches.
-Vamos, antes de que alguien nos encuentre.- dijo él
Subieron al camión vigilando que nadie los siguiera. Lupe y su madre iban en un asiento y Darió en frente. No quería dormir porque sabía que las pesadillas de la mujer gritando regresarían, pero todos los golpes y lo que había sucedido en los últimos días ganaron ante su fuerza de voluntad y en menos de 30 minutos cerró los ojos.
-¡No por favor! ¡Yo no sé nada! ¡No sé ni siquiera quién es! – gritaba la mujer intentado librarse de su atadura.
Las imágenes pasaban nuevamente por su mente al tiempo que empezaba a oír los gritos desesperados retumbando en su mente. Estaba tirado en el suelo y no podía moverse. Por alguna razón los gritos de hicieron más ahogados y pronto la sangre lo comenzó a salpicar.
“Que alguien nos ayude. Qué alguien la ayude.” Pensaba Darío.
-Este cabrón seguro saldrá huyendo en camión. Es un pobre diablo que no tiene a donde ir. Oye Tadeo, ¿Crees que la chica haga su parte?
El otro hombre dijo algo que Darío no entendió.
-Cierto. Pues solo falta deshacernos del cuerpo y meter a este pendejo en el closet. La jefa nos quiere ver en 1 hora y ya se nos está haciendo tarde.
Lo metieron dentro de su closet y la obscuridad lo rodeo.
-Darío. Darío tienes que deshacerte de los diamantes. Están malditos – la voz que recordaba como la su madre le hablaba en sueños. – Solo así dejarán de perseguir a la familia. Deshazte de ellos.
Darío abrío los ojos y supo que ya no encontraba en el camión.
-Yo no te prometí que tu hija viviría. Solo que YO no lo mataría. Jamás dije mis guardaespaldas no lo harían – se oyó la voz aguda y penetrante de una mujer con acento norteño.
Le dolía la cabeza y sus ojos le ardían por el ardor del sudor que le provocaban la humedad y el calor. Intentó enfocar y se dio cuenta de que Lupe y su tía estaban de pie frente una persona vestida de rojo y los dos tipos que los habían estado persiguiendo.
-Manolo, ¿podrías hacerme los honores?
El gigantón sonrió y se empuñó la pistola contra Lupe
-¡No por favor! ¡Yo hice mi parte del trato! ¡Aquí están los diamantes y el bastardo de mi hermana! ¡A él lo necesitabas!
-Lo sé. Y agradezco que tu cumplas tu parte, pero yo no me sentiré tranquila hasta que todos los descendientes de Alejandro Quiroz no mueran. ¡Matala!
-¡No! – Gritó Darío mientras intentaba zafarse.
-¡Miren quien despertó! Si es nada menos que Darío, el hijo del cabrón que me dejó por la barata de tu madre. Dime muchacho, ¿qué se siente ver morir a alguien que acabas de conocer por segunda vez? Tadeo, ¡mata a la vieja!
Antes de que alguien pudiera reaccionar, el otro hombre alzó su pistola y disparó contra la sien de la tía de Tadeo. Un grito ahogado salió de la boca de Lupe. Los ojos de Darío observaban incrédulos como el cuerpo de su tía caía contra el piso mientras la sangre brotaba de su frente.
-Darío, Darío… tienes que aprender que la gente como yo. No se anda con pendejadas.

miércoles 16 de septiembre de 2009

C.E. 2 Capitulo 11 escrito por Jon

Las fiestas patrias estaban ya en su apogeo en la provincia, el alcohol corría a borbotones en forma de tequila, pulque y mezcal. Las luces de colores verde, blanco y rojo inundaban la plaza principal con adornos brillantes con caras de héroes redentores elevados a santos. La música estridente llegaba hasta el panteón viejo de la ciudad que dejó de funcionar desde que ya no cabía ni un alma más en él. Tumultos de gente bailaban y gritaban celebrando un año más de independencia mientras paradójicamente esclavizados, amordazados estaban Darío, Lupe y su madre en el viejo cementerio.

De sus captores no se sabía nada, ahí los habían dejado abandonados después de descubrir que no había nada en la caja del mapa. Ya caía la noche y Darío por fin logró desatarse para inmediatamente soltar tanto a Lupe como a su madre. ¿No es acaso momento ya para recibir una explicación?” Preguntó en tono exigente Darío a su tía.

- Diamantes, siempre ha sido por diamantes. Tonto quien dijo que eran los mejores amigos pues solo tragedia han traído a esta familia. Separaciones ¡Muerte! Esos diamantes que pertenecieron a Maximiliano y Carlota que el abuelo encontró, robó, escondió como un tesoro en aquel tiempo son los que siguen buscando esos hombres. Esos con quienes se había aliado, asociado pues para encontrar ese tesoro de leyenda de cuando la monarquía en México y a quienes el abuelo traicionó para quedarse con la riqueza y la fama. De poco le sirvió pues su avaricio lo llevo a esconderlos y nunca disfrutar de ellos. Ahora nosotros cargamos con la culpa y como único pecado el saber donde guardó el abuelo las joyas.

Lupe no se mostraba sorprendida, ya se sabía esa historia. Darío por el contrario ensimismado en sus pensamientos trataba de encontrar la lógica y sentido a ese cuento que la tía le contaba.

- ¿Y es que alguien más sabia de esto?- preguntó Darío mientras bajaban la colina del panteón sorteando grandes cruces y monumentos hechos sobre las tumbas como queriendo competir en la muerte por ver quién fue el más majestuoso en vida. - ¿Por qué estaba vacía la caja entonces?

Entonces la tía esbozo una sonrisa picara, la misma sonrisa que mostraba Lupe, no se podía negar que eran madre e hija. No eran 812 lozas –Tumba 812, En la cripta bajo la catedral. Me había dado cuenta que nos seguían de nuevo, el abuelo era astuto, siempre astuto había dejado ese señuelo de la loza- miró de reojo a Darío para continuar diciendo – Es hora de ir por ellas. Aunque no será fácil, no creo que nos hayan dejado así de fácil esos infelices.

Los fuegos artificiales habían comenzado ya en la plaza mientras se acercaban cada vez mas Darío y compañía. La tambora y el baile en una de las callejuelas se fusionaban mientras sombreros se contoneaban cadenciosos al ritmo del chasquido de la copas para sellar un “Salud” entre compadres que celebraban la patria.

Cautelosos avanzaban, temerosos también volteaban vigilando el no ser seguidos, se escabullían entre la multitud tratando de esconderse entre los gritos y carcajadas de los asistentes.

Un rebozo de colores tomó Lupe para disimular los moretones y pasar desapercibida en la fiesta cuando las campanadas comenzaron a sonar anunciando ya el inicio del evento principal.

El alcalde ataviado con pañuelo rojo y sombrero se acerca al balcón para ser vitoreado por las centenas de personas embrutecidas ya por las botellas de tequila que ahora vacías rodaban por la plaza.

¡Viva hidalgo! Gritaban todos al unísono mientras Darío y Lupe se escabullían por la puerta lateral de la iglesia, la tía se había quedado agotada en el atrio vigilando que nadie más los siguiera.

¡Viva la corregidora! Se escuchaba mientras bajaban las escaleras en penumbras y lentamente cuidando de no tropezar.

¡Vivan nuestros héroes de libertad! Y la plaza se caía de los gritos con fuerza mientras abajo en los pasillos secretos de la catedral comenzaban a contar tumba por tumba.

¡Viva México! Y estalló en júbilo la plaza para iniciar una ronda más de fuegos artificiales de colores brillantes e hipnotizantes al ritmo de las campanadas.

Abajo se escuchó otro grito ahogado de felicidad, la habían encontrado y estaban a punto de abrir la tumba 812, en la pared se leía claramente el numero y un versículo que rezaba Yo soy la resurrección y la vida” Jn 11:25. Solo necesitaron jalar un poco y el polvo voló para abrir paso al hueco donde en lugar de huesos encontraron el cofre, la caja que buscaban y ahora la tenían de frente.

La última campanada sonó al tiempo que Darío abría el cofre para ser deslumbrado por el brillo de los diamantes.

jueves 10 de septiembre de 2009

C.E. Capitulo 10 escrito por Lucavi

Darío no se pudo levantar de la cama en doce días completos. Lupe, su recién descubierta prima, se recupero un poco mas pronto que él de los golpes, y a manera de no sentirse como una carga para las Hijas de la Corona de Espinas, las ayudaba en lo que podía. Fue así como Darío la conoció como era, aquella muchacha de 19 años a la que se había topado por casualidad, creía el, aquel día en la central de autobuses.
Las maneras de Lupe eran delicadas, y en ellas Darío creyó ver una vida en la que no había sido necesario mucho trabajo físico. Recibía llamadas de atención continuamente, porque era algo torpe trapeando y su forma de barrer era demasiado tosca. Pero jamás contestaba, y las malas caras se las guardaba para platicar con Darío, siempre tratando de no preocuparlo ni de ponerlo a pensar demasiado en la misión auto impuesta que tenían por delante.
La caja… las dos semanas que estuvo Darío tendido en cama, no dejaba de pensar en su madre, ni en todo el caos que se había suscitado sobre el como un mar revuelto, todo a raíz de esa caja que el jamás había visto. “Es como si me hubiera llevado el remolino del Mago de Oz”, se decía, “pero en vez de aplastar a la bruja, la casa me cayo a mi encima”. A su mente, por las noches, volvía una y otra vez el mismo sueño de sangre y balas y mucho dolor, que podía recordar siempre con claridad durante una media hora y luego se desvanecía para dejar solo la imagen de esa caja sostenida por una imaginaria mano de mujer, y dudaba mucho para contarle eso a Lupe, porque ella se había hecho tan atenta con el que le daba dolor preocuparla. Y el sentimiento era reciproco.
Ella también sufría mucho, moría de miedo, pero a diferencia de Darío, sus noches eran su única fuga a un lugar mas tranquilo, donde podía soñar con su madre abrazándola y enseñándole a cantar, llevándola de visita a edificios coloniales en varias ciudades del país, para que se enamorara de ellos tanto como su madre misma. Y por los días, todos esos sueños se cristalizaban en duda y horror en su mente, en preguntas que no tenían respuesta, en posibilidades, y a fin de cuentas en mas dudas. Darío le preguntaba constantemente acerca de aquel mapa que ella le enseño, tímida, dibujado en una servilleta. Por supuesto, Lupe no le confeso su procedencia verdadera, y siempre le dio vueltas al asunto. Sufría mucho recordando que su madre misma había supervisado como la marcaban cuando tenia unos 6 años, y rogaba a Dios que le arrancara ese recuerdo de la mente. “Es por tu bien y el mío”, era la única explicación que le dio, y jamás se tocaba el tema sin que recibiera una mirada fría y una actitud cortante.
La noche en que se preparaban para partir, Darío y Lupe salieron por vez primera a dar un paseo alrededor del convento. Hasta ese día, supusieron que estaban cerca de Morelia, y se dieron cuenta cuando salieron que el pueblo que albergaba al convento estaba a unas dos o tres horas de la ciudad, viajando siempre por caminos rurales. Un camión, como aquel donde había iniciado toda esa aventura, los llevaría al día siguiente a su destino. Ambos estaban nerviosos, e intercambiaron pocas palabras. Caminaron entre las casitas y llegaron hasta el otro lado del convento, donde se abría la puerta de la capilla. Era domingo, y algunas personas salían de misa. Se sentaron en una pileta al cobijo de un durazno, y estuvieron largo rato callados. “¿En las catedrales hay algo así como un santo patrono?”. Darío estaba pensativo, y su voz sonaba monótona. “Si, creo que en todas”. “¿Y cual es el patrono de la catedral de Morelia?”. Lupe se estremeció un poco, y le hechó la culpa al fresco de la noche. “No se… creo que el Divino Salvador. Al menos así se llama, la Catedral del Divino Salvador de Morelia”. Darío cambio entonces de tema, y cuando regresaron al convento, la mujer cubierta de chal que los había estado escuchando los siguió de lejos, caminando trabajosamente.
Habían abordado el camión desde las 9 de la mañana, y ya daban las 10 y el camión seguía sin moverse. Eso era típico, le explicaba Darío a Lupe, de las rutas rurales. Cuando al fin dejaron el pueblo, Lupe le enseño a Darío una medalla del Divino Rostro que le habían dado en el convento. “Dicen las madres que es milagroso. Yo creo que necesitamos toda la ayuda que consigamos. Digo… seguro nos están esperando, ¿no? Fue ahí donde mataron a aquel señor… Y por algo es que ahí nos acorralaron. Seguro creían que íbamos ya por la caja…” “Si Lupe… y ahora que si vamos por ella, hay que tener mucho cuidado. Aunque si nos quisieran matar ya nos hubieran matado, ¿no?” Darío interrumpió su frase para darle una mordida a su torta de chorizo. “Oye Lupe”, le dijo a la muchacha, con la boca aun llena de comida, “Quería contarte algo, un sueño que he tenido desde la explosión aquella. Pero en el convento me daba miedo, como que las monjas nunca nos dejaban solos. Se les figuraba que te iba a violar yo creo”. Golpe de Lupe, y Darío tira su jugo. “Eso me pasa por pendejo… Bueno, en ese sueño, lo que mas hay es sangre… y es que… veo un cuarto en el que estuve, un cuarto bañado de sangre. Era un hotelito donde me estaba quedando. Y un día que llegue, la puerta estaba abierta. No alcance a ver mucho, la cama revuelta, un charco de sangre en el suelo, y oí a alguien como que lloraba.” Darío dudó, y Lupe se dio cuenta de que omitía algo. “Luego me dieron un madrazo, y cuando desperté estaba metido en un closet, todo lleno de sangre que no era mía, y afuera en el cuarto no había mas que sangre. Ni cadáver, ni armas, ni alguien mas. En mi sueño, esa visión se convierte luego en la sangre del federal ese, en mi cara y luego hecha un río. Y luego la caja. Nunca he visto la puta caja, y la sueño.” Una mordida mas a la torta, y Darío guardo silencio.
Lupe ya no hablo mas. Intuía que lo que Darío había omitido tenía que ver con su madre. ¿Estaría muerta? Unas lágrimas corrieron por sus mejillas, y se forzó a dormir el resto del trayecto.
Cuatro horas más tarde, Lupe y Darío caminaban a la sombra de los torreones de la catedral. Era lunes, y había muy poca gente. Entraron despacio, y Lupe se volvió a sentir como cuando niña, sobrecogida por la religiosa majestuosidad de la enorme nave. “¿Qué buscamos?”, pregunto nerviosa. “Una caja”. Otro golpe a Darío. “Ya, pérate. 812, en una catedral según el mapa. Lo he pensado todos estos días, y no se me ocurre mas que contar lozas.” “¿Y donde empezamos?” “Pues… ¿aquel de allá es el Divino Salvador?” “No, es el Señor de la Sacristía” “Pues ahí…”
Se entretuvieron contando lozas una media hora, y al llegar al 812 por tercera vez, ya se daban por vencidos. “Aquí no hay nada. ¿Dónde mas buscamos?” La voz que respondió no era la de Darío. No era ni siquiera la de un hombre. Y al oírla, Lupe sintió como si le pegaran en la nuca. “Intenten alrededor del órgano.” La mujer vestía un chal negro, y se veía enferma. Respiraba con trabajo, y se sostenía el fino tejido alrededor de la cabeza con una mano, mientras que en la otra llevaba un libro de oraciones. Lupe sollozo un apenas inteligible “mamá” antes de desvanecerse, justo antes de ver que la mujer era encañonada discretamente por un hombre que llevaba cabestrillo. Darío sintió que todo daba vueltas, y halado por otro tipo llegó al piso superior, frente al antiguo órgano ornamentado. Se arrodilló a contar lozas, a entretenerse mientras pensaba en un plan para escapar, pero al ver que Lupe y su madre (su tía, pensó) estaban custodiadas por esos matones, se sintió perdido. Mecánicamente siguió tanteando el suelo, hasta que una patada en la pierna lo hizo reaccionar. “Esa, mocoso. Esa sonó hueca”. De haber puesto empeño, Darío hubiera localizado la piedra con facilidad, porque estaba gastada de las orillas y le habían puesto un candelero encima intencionalmente. Pesaroso, Darío levantó la piedra. Sabía que teniendo la caja, lo iban a matar. Y a Lupe, y a su tía. Y todo por su culpa.
Bajo la loza, Darío encontró un pequeño alajero de madera, tallado con gracia pero sencillo. Uso su llavecita para abrirlo, y el alma se le partió. La caja estaba completamente vacía; hasta el forro le habían arrancado para poder tallarle en el delgado fondo una sola palabra. “Esperanza”, se leía.

martes 8 de septiembre de 2009

Ultimo Dia!

Adios Atlante!!! siiiiiiiiii ya me voooooooooooy vamos a otra cosa!!!! vamos a hecharle ganas al nuevo lugar!!!!
Cambios cosas nuevas nuevas experiencias nuevos retos

Estoy muy emocionado y el dia no esta pasando tan rapido como quisiera
pero ahi vamos
hechandole ganas aunque el dia este yendo lento al final del dia el dia mismo habra terminado

y un capitulo mas de esta historia concluye para empezar algo nuevo

Gracias a todos los atlantes por el apoyo el trabajo y la amistad en algunos casos

hasta luego atlante

Hola 4th Source!

un abrazo

Panda
"I Will Bring the World Revolution"

jueves 3 de septiembre de 2009

C.E.2 Capitulo 9 Escrito por PhantomBear

Al momento de reaccionar, recuerda aquella caja que le menciono su madre, ya que era muy importante pues aquella caja le pertenecía a la madre de Darío, en la cual esta encerraba un gran secreto que Lupe no recordaba. Sin mas que solo un fuerte dolor en el cuerpo que Cardóz y Jiménez habian provocado, sin importar lo que habia sucedido recordo que estaba con Darío que Cardoz presento como su primo.
Lupe que mientras reaccionaba y la monja la estaba atendiendo de las heridas no sabia por que su madre jamás le comento del contenido de aquella caja que pertenecio a su hermana. Se preguntaba ¿Qué contenia aquella caja? ¿Por qué mataron a su tia por ese contenido?
Todo era confuso y frustrante puesto que ni ella ni su primo sabian el por que aquellos hombres querian la caja sin importar el costo para conseguirla
-¿Dónde esta Darío? -Pregunta Lupe muy alterada
- El esta bien esta aun dormido, en la otra habitacion siendo atendido por otra monja. -Contesta la monja tratando de recostar a Lupe que sigue con algunas heridas por aquel golpe que le otorgo Jiménez y la explocion de los tanques de gas.
Sin poder recordar que habia pasado en aquel lugar y se preguntaba quien causo la explocion para su rescate?, todo era mas misterioso para ella tenia muchas preguntas que no se podia responder.
-Puedo ver a Darío -Pregunta ya mas tranquila a la monja que la atendia con mucha amabilidad que le parecia extraña.
-Claro que si!, se encuentra en la habitacion de a lado, no lo vallas a aturdir mucho esta muy cansado han sufrido muchas emociones desde su llegada a Morelia -Dijo como reprimiendo la actitud de Lupe por la urgencia de ver a Darío.
Despues de pasar el tiempo despierta Darío con Lupe a su lado velando por su salud, adolorido por la explocion de los tanques de gas y preocupado por Lupe Dario se pregunta Donde estoy?, y como llegamos aquí?.
A lo que Lupe contesta que estan siendo atendidos por unas monjas que los encontraron afuera de un edificio que se encontraba en llamas provocado por los tanques que explotaron.
Pero ninguno de los dos sabia quien los habia rescatado de aquel peligro que se encontraban y mucho menos quien habia provocado el incendio y la fuga de gas, al romper el monto de silencio tratando de recordar quien era su salvador Lupe le pregunta a Darío, por que estaban buscando esa caja?, que tiene adentro que era tan importante para esos matones?, por que mi madre y tu madre quieren esconder esa caja a cualquier precio?.
-No lo se, el unico recuerdo de mi madre es esta medalla de la virgen de Guadalupe y descubres tu que contiene una llave con el numero 862. -Dijo Darío muy confundido
- Recuerdo que mi madre me daba muchos acertijos matematicos con mapas y coordenadas y en todas daba esa cifra numerica. -Creo que tiene q ver con el tatuaje de un mapa que tengo en la entrepierna!
Al revisar tatuaje y haciendo una suposición de las coordenadas daban directamente a la catedral principal de Morelia, donde acudia mucho la madre de Lupe cuando era joven.
-Acaso se encontrara la caja en la catedral principal? -Ambos se preguntaron
-Lo que mas misterio habia era quien los rescato y como supieron que ellos estaban en peligro.

viernes 28 de agosto de 2009

C.E.2 Capitulo 8 Escrito por Hekma

De pronto Lupe estaba cubierta con su propia sangre, un tanto cuanto aturdida por el golpe, pero aún con la sensación de rabia y melancolia, pensaba – Dónde Diablos estará mi madre, porqué putas me metí en esto yo lo único que quería era saber más de mi pasado.

A todo esto, de que caja hablan, se preguntaba Dario, y de pronto como si algo dentro de él le susurrara en el oido, escucho aquella Melodía que no sabia de donde venia pero que siempre lo tranquilizaba en cualquier momento, el sonido del Mar, un mar quieto donde sólo se escuchaba un golpeteo leve de el agua con la arena. Pero no recordaba mas, Pobre tan solo tendria 5 meses cuando su madre murio por aquella caja de madera que se encontraba en la parte de atrás de aquel coche.

Minutos después Cardòz y Jiménez tenían en un cuarto de Hotel a Darío y a Lupe, amarrados y pensando que hacer con ellos, ya que después de un gran interrogatorio dónde Dario se encontraba ya en malas condiciones y lleno de sangre, no habian encontrado nada acerca de esa bendita caja. Lo único cierto que tenian era que sólo habria una forma en la que Dario les diera información o minimo algun detalle de ello. Su madre.

Mientras tanto cerca de una planta de gas, se escuchaba mucho ruido, provocado tal vez por algunos gatos o perros callejeros , el vigilante de la planta no le dio mucha importancia, hasta que comenzó a escuchar como de pronto algunos tanques de gas cayeron uno tras otro. Corrio Rapidamente, el ruido era cada vez mayor , muchos tanques cayendo, algunos con fisuras se escuchaba como se salia un poco del gas que contenian, - esto va a estallar pensó – minutos después ve como ``algo´´ enredado en una sabana moviendose de un lugar a otro por todo el lugar.

- OH Dios que será eso que se mueve, sera una bestia? O algo parecido,- de esa manera el Vigilante estaba tan nervioso que olvido el gas que se estaba saliendo el lugar estaba oscuro ya que las luces se encontraban apagadas, solo habia un par que generaba la Luna que se miraba tras las ventanas.

En un momento tonto y absurdo el Vigilante encendió las luces y de pronto se escucho una pequeña explosión que empujo a los dos personajes fuertemente, contra una pared..

Cuando ella despertó, se encontraba en un hospital siendo cuidada por una monja, la cual la miraba fijamente en el momento en el que ella pregunto que que hacia ahí, y la monja le decía que porque se habia tatuado ese mapa en la entrepierna… a lo que ella respondio, que ahí habia una caja que estab escondida hace ya varios años…